El rugido de la Fórmula 1 en el corazón de Barcelona terminó con un sordo estruendo el 27 de abril de 1975. El accidente de Rolf Stommelen en el circuito de Montjuïc sentenció aquel trazado urbano que fue mágico para varias generaciones. Con el vuelo de aquel Embassy Hill finalizó el idilio entre la F1 y la Ciudad Condal. Durante años, los recuerdos del Parque fueron un lamento colectivo: la nostalgia de un escenario único, pero también la certeza de que Barcelona necesitaba algo distinto. Una pista moderna y segura. Permanente. Ese fue el germen del Circuit de Barcelona-Catalunya: un proceso plagado de política, de rivalidades personales, de tensiones entre instituciones y de pasiones deportivas.
¿Por qué Montjuïc dejó de ser viable?
La década de los setenta marcó el ocaso de Montjuïc. Tras el fatídico Gran Premio de 1975, la montaña quedó herida de muerte como escenario internacional. El eco de los guardarraíles mal fijados, las protestas de pilotos como Fittipaldi o Lauda, y la descoordinada actuación de los servicios sanitarios en aquel fatídico domingo de primavera hicieron evidente que ese lugar ya no podía seguir albergando la Fórmula 1. Eso, el aumento de prestaciones de los monoplazas y, por supuesto, el escaso peso específico que España tenía en el contexto del automovilismo internacional. Aun así, el romanticismo empujó a mantener competiciones durante años, pero las desgracias siguieron llegando. En 1986, en unas 24 Horas que no debían de haberse recuperado jamás, la tragedia de Mingo Parés, que falleció al amanecer en un accidente en la curva del Poble Español, fue la puntilla definitiva.
¿Quién impulsó el nuevo circuito?
La muerte de Parés dejó tocado a Sito Pons, el piloto catalán con mayor proyección internacional en aquel momento. En una recepción en la Generalitat, Pons fue directo con Jordi Pujol: «President, necesitamos un circuito de verdad. No se nos puede volver a matar nadie más». Pero si el circuito de Montmeló existe hoy es, sobre todo, gracias a dos nombres: Sebastià Salvadó y Juan Antonio Samaranch. Salvadó, presidente del RACC, fue el gran estratega. Abogado y economista, apasionado del motor, supo mover los hilos con discreción y diplomacia: su empeño personal convirtió un proyecto utópico en una realidad tangible. Samaranch utilizó su influencia como presidente del COI para reforzar el proyecto; no fue un entusiasta de la Fórmula 1, pero entendía su valor político y simbólico, y su relación con Bernie Ecclestone fue decisiva. El aval político de Pujol, desde la Generalitat, y de Pasqual Maragall, desde el Ayuntamiento, hizo el resto.
¿Dónde se decidió construirlo?
El proyecto se llamó «Radio 30» y fue una idea de Josep Lluís Vilaseca, secretario general de deportes de la Generalitat. Se trataba de encontrar el emplazamiento ideal para el nuevo circuito. Tras varios intentos fallidos, como los terrenos de Caldes de Malavella o la finca de Torrebonica en Terrassa, la opción ganadora fue una zona de 160 hectáreas entre Montmeló, Granollers y Parets del Vallès. El apoyo del alcalde de Montmeló, Romà Ruiz, fue determinante. Para convencer a su pueblo, organizó un viaje a Imola con vecinos en autocar; volvieron entusiasmados, convencidos de que tener a la Fórmula 1 en casa era una oportunidad única. Y a finales de 1986, el Parlament de Catalunya aprobaba la propuesta de construcción del Circuit.
¿Cómo fue la carrera contrarreloj hasta 1991?
La colocación de la primera piedra, en febrero de 1989, fue simbólica; a ella asistió Jean Marie Balestre, presidente de la FIA en aquel momento. Pero, a partir de ahí, todo fueron obstáculos. La lluvia retrasó los trabajos, el presupuesto se disparaba y la presión de Ecclestone apretaba: si querían acoger el Gran Premio de España en 1992, había que terminar a toda prisa. Las prisas llegaron porque Bernie, tras un desencuentro con el alcalde de Jerez, le pidió al RACC que adelantaran su primera carrera, programada para 1992, a 1991 en lugar de la cita andaluza. Salvadó fue valiente, recogió el guante y devolvió la Fórmula 1 a casa. Se invirtieron 6.500 millones de pesetas y se construyó a un ritmo frenético. El 10 de septiembre de 1991 se inauguraba oficialmente el Circuit y, el 29 de septiembre, Montmeló acogía su primer Gran Premio de Fórmula 1. Nigel Mansell inauguraba el palmarés del Circuit con una victoria memorable, tras un duelo con Ayrton Senna que quedó impregnado hasta la eternidad en la retina de los aficionados.
La FIUM 003 dedica 164 páginas a la montaña mágica. El número reconstruye la historia de Montjuïc y la trastienda del nacimiento del Circuit de Barcelona-Catalunya, e incluye una entrevista en exclusiva con Álex Soler-Roig.
Colin Chapman fue el mayor innovador en la historia de la Fórmula 1 y el fundador del Team Lotus, responsable del primer chasis monocasco y del primer F1 con efecto suelo. La Revista FIUM 004 reconstruye su figura con tres entrevistas exclusivas: Derek Wild y Dave Sims (antiguos mecánicos del Team Lotus) y Clive Chapman, su hijo y actual líder del Classic Team Lotus. Disponible aquí en edición individual y Pack Premium con dos láminas A4.
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Benetton Formula fue uno de los equipos más icónicos de la Fórmula 1 moderna y campeón del mundo en 1994 (pilotos) y 1995 (pilotos y constructores). La Revista FIUM 002 recorre su trayectoria con entrevistas a Alex Hawkridge (antiguo jefe de equipo de Toleman) y Joan Villadelprat (antiguo director deportivo y de operaciones de Benetton Formula). Disponible aquí en edición individual y Pack Premium con dos láminas A4.
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