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Curva 1 del circuito urbano de Montjuïc, pasado el rasante.
Barcelona1 jul 20264 min de lectura

El circuito de Montjuïc: la montaña mágica de la Fórmula 1

El trazado de Montjuïc surgió de forma natural en los años veinte, durante el proceso de urbanización de la montaña barcelonesa. Sus posibilidades como circuito fueron intuidas muy pronto, y la pista original permaneció inalterada durante más de medio siglo de carreras. El parque de Montjuïc albergó un circuito urbano espectacular, un trazado por el que hoy andan y desandan en tropel los voluntariosos aspirantes al carné de conducir, seguramente ajenos a las gestas protagonizadas sobre ese asfalto por los Nuvolari, Cañellas, Stewart, Peterson, Fittipaldi… Un circuito fascinante, por su configuración natural y porque permaneció inalterado a lo largo de toda su historia. Lo cual, paradójicamente, precipitó su inevitable final.

Ubicación Parque de Montjuïc, Barcelona
Longitud 3,790 km
Años de Fórmula 1 1969, 1971, 1973 y 1975
Primer Gran Premio de F1 1969 (victoria de Jackie Stewart)
Último Gran Premio de F1 1975 (victoria de Jochen Mass)
Escalera previa Fórmula 3 (1965) y Fórmula 2 (1966)

¿Cómo surgió el circuito de Montjuïc?

La urbanización de la montaña se aceleró con vistas a la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, lo cual empezó a dibujar, sin quererlo, un trazado alrededor de fincas que todavía eran campos agrícolas. En 1922 ya aparecía completo un tramo de dos kilómetros entre las futuras rectas de «abajo» y de «arriba»; es decir, entre lo que sería La Pèrgola y el Estadio. Y el RACC no tardó en intuir las posibilidades del escenario. El giro decisivo fue que los directivos de la Penya Rhin llevaron al flamante vencedor de la Subida a la Rabassada de 1931, el as alemán Rudolf Caracciola, a visitar el recinto de la Exposición. Paseando por aquellas avenidas, Caracciola sugirió que aquello podría ser un circuito tan espectacular como el de Mónaco, estrenado precisamente en 1929. Bastaba con mirar de empalmar las dos rectas, la de arriba y la de abajo.

¿Cómo era el trazado de Montjuïc?

El escollo de cerrar el trazado se resolvió mediante un revirado tramo en bajada a partir del ángulo de Miramar y hasta la curva del Teatre Grec. Así se conformó la doble personalidad de Montjuïc: una subida ancha y rapidísima, y una bajada estrechísima y técnica. Más aún en 1933, el año del estreno, cuando la calzada estaba dividida en dos partes mediante unas enormes bolas de cemento para dejar un paso a los peatones. La anchura de la bajada era de apenas seis metros, que contrastaba con los catorce metros del resto del circuito. Dicha pega quedó resuelta a partir del año siguiente, con unas obras que ampliaron la calzada en la bajada hasta los nueve metros. Por lo demás, el trazado histórico de 3,790 kilómetros encadenó las mismas curvas en sus 55 años de historia: el ángulo de Miramar, la ciega, Rosaleda, Font del Gat, Teatre Grec, el viraje de la Técnica, la Prensa —llamada viraje de la Guardia Urbana a partir de la posguerra—, la recta de les Fonts, la Pèrgola, Poble Espanyol, Sant Jordi y la recta del Estadio, donde volvía a empezar la bajada tras un cambio de rasante.

Llegada del Gran Premio de España de 1973 de Fórmula 1 en el circuito de Montjuïc

¿Qué grandes carreras vivió antes de la Fórmula 1?

Se celebraron cuatro Grandes Premios Penya Rhin en Montjuïc, entre 1933 y 1936. Fueron unas carreras magníficas, en buena parte porque el as italiano Tazio Nuvolari las disputó todas. Por fin, en 1936, la magia de Montjuïc se sublimó con la victoria contra pronóstico de Nuvolari, al volante del nuevo Alfa 12C/36, frente a Caracciola, con el Mercedes W25/36. A pesar del déficit de potencia del auto italiano (370 CV frente a 453), Tazio cruzó la meta con tres segundos de ventaja, después de 80 vueltas (303 km) y dos horas y cuarenta y tres minutos de acción. Por desgracia, cuarenta días más tarde se produjo la rebelión militar que desató la guerra civil española, y los motores de carreras enmudecieron durante un decenio.

¿Cómo volvió la Fórmula 1 a la montaña?

Tras la posguerra, el RACC recogió el testigo organizativo de Penya Rhin y planificó el retorno de los monoplazas de Gran Premio a Barcelona. Estaba claro que el futuro pasaba por la construcción de un circuito permanente; entretanto, ahí estaba Montjuïc. La planificación del RACC fue metódica: primero, Fórmula 3, en 1965; después, Fórmula 2, en 1966, y, por fin, Fórmula 1, en 1969. Montjuïc volvía a ser mucho más que una montaña; se disponía a vivir su apogeo como pista de carreras. De cómo nació su sucesor permanente lo contamos en la historia del Circuit de Barcelona-Catalunya.


La FIUM 003 dedica 164 páginas a la montaña mágica. El número reconstruye la historia completa del circuito y de sus carreras, e incluye una entrevista en exclusiva con Álex Soler-Roig.

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