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Teo Fabi con el Benetton B186 en el GP de Mónaco de 1986 de Fórmula 1
Benetton17 jun 20266 min de lectura

Benetton en la Fórmula 1: historia de un equipo irrepetible

Llegados a la década de los 80, ya no era nada raro encontrar marcas de lo más variopintas decorando los coches más rápidos del mundo. La gente ya estaba curada de espanto. Pero la llegada de otra marca volvió a mover los cimientos de la Fórmula 1. Una marca que nada tenía que ver con el mundo del motor y que no quiso ser una marca más, sino un constructor. Un disruptor en un mundo de puristas. Un forastero en tierra desconocida. Benetton quería formar un equipo de Fórmula 1.

¿Por qué una marca de ropa quiso entrar en la Fórmula 1?

No era la primera vez que la familia Benetton arrancaba de cero en un mundo completamente establecido. En tierras de alta costura, un jersey amarillo chillón tejido por Giuliana Benetton causó sensación en cuanto Luciano, su hermano, empezó a lucirlo por las tiendas donde trabajaba. Tras democratizar la moda de su país con prendas llamativas, de calidad y asequibles, en 1965 nació el Maglificio di Ponzano Veneto dei Fratelli Benetton —el Grupo Benetton, vaya—, y la marca se extendió rápidamente por toda la Península Itálica. Conquistada ya Italia, Benetton quería probar suerte por el resto de Europa y los Estados Unidos, y para replicar su fórmula de éxito solo faltaba un deporte con una gran presencia en todos esos países, a poder ser con audiencias millonarias. Ah, espera, ¿lo hay? Y tanto que lo hay: ese deporte ideal era la Fórmula 1. El porqué de aquella decisión lo contamos en detalle en este número.

¿Cómo empezó Benetton en la Fórmula 1?

Antes de ir a lo grande, como en las construcciones, hacían falta unos buenos cimientos. Esos cimientos empezaron a forjarse al convertirse en patrocinadores del equipo Tyrrell en 1983: desde aquel año, los coches de Ken Tyrrell iban pintados de un elegante verde con grandes logos del “folpetto”, y los éxitos no tardaron, porque en solo su séptima carrera el nuevo patrocinador probó las mieles de la victoria con Michele Alboreto en Detroit —la última vez que Tyrrell ganó una carrera de Fórmula 1—. Después llegó una etapa pintando de verde a Alfa Romeo durante dos temporadas, pero la conclusión de la familia era clara: para tener éxito en la Fórmula 1, debían tener más control sobre el equipo. Ser un participante más no era lo suficientemente rebelde.

Así, en 1985 Luciano Benetton adquirió la estructura de una Toleman que, aunque en horas bajas, todavía tenía algo que decir. Aquel primer año aún compitieron bajo el nombre de Toleman —la FOCA no les permitía cambiar la denominación—, con el veterano Peter Collins al frente, y no fue hasta 1986 cuando, a todos los efectos, fueron Benetton Formula. El Toleman TG186, tras un par de brochazos de pintura italiana y los retoques de Rory Byrne, pasó a llamarse Benetton B186.

¿Cuándo ganó Benetton su primera carrera?

El B186, propulsado por un motor BMW capaz de lo mejor y de lo peor, dejó momentos para el recuerdo desde el primer día: un punto en su debut en Brasil con Gerhard Berger, un primer podio en Imola en su tercera carrera y dos pole positions de Teo Fabi en Austria e Italia. Pero la gloria llegó en el Autódromo Hermanos Rodríguez. En el Gran Premio de México, Berger contaba con una ventaja a largo plazo: los neumáticos Goodyear de sus rivales se desgastaban con solo mirarlos, mientras que sus Pirelli de compuesto más duro aguantaban. Cuando McLaren y Williams hicieron parar a sus pilotos, Benetton no: Berger completó todo el Gran Premio sin parar en boxes y, en su primera temporada y en tan solo quince carreras, la escudería alcanzó la gloria.

Tan pronto como la Fórmula 1 le enseñó la zanahoria, vino el palo por partida triple: Berger se marchó a Ferrari, y tanto BMW como Pirelli abandonaron. Pero a río revuelto, ganancia de pescadores: la caída del proyecto de Ford Cosworth dejó a la marca del óvalo azul en busca de un nuevo aliado, y Benetton no dudó en transformarse en su nuevo equipo de fábrica, dando comienzo a una alianza que duraría casi una década. Con motores Ford y pilotos como Thierry Boutsen y Alessandro Nannini, el equipo fue ganando solidez hasta colarse, de forma habitual, entre los cuatro grandes de la categoría junto a Ferrari, McLaren y Williams. Nannini llegaría incluso a heredar una victoria en Suzuka 1989 tras la descalificación de Ayrton Senna.

Michael Schumacher celebra su victoria en el GP de Bélgica de 1994 de Fórmula 1

¿Cómo llegó Benetton a lo más alto?

El punto de inflexión llegó con dos incorporaciones. La primera, la de Flavio Briatore, que desembarcó en un tumultuoso 1989 sin conocer el mundo del automovilismo y acabó convirtiéndose, de facto, en el responsable único de las operaciones. La segunda, la de un jovencísimo Michael Schumacher, a quien Briatore le birló a Eddie Jordan a finales de 1991 tras su estreno en Spa-Francorchamps. La primera victoria del Káiser llegó en Spa 1992, y a partir de ahí empezó a forjar su leyenda.

Iba a ser el año de la gloria, y lo fue. En 1994, con todas las ayudas electrónicas prohibidas y el regreso de los repostajes, la maquinaria inventiva de Ross Brawn se puso a funcionar y Benetton arrancó con un zarpazo: tres victorias en tres carreras. Fue, no obstante, un año trágico y polémico a partes iguales —la muerte de Senna en Imola, las sospechas sobre el control de tracción del B194, las descalificaciones y una suspensión de dos carreras— que estuvo a punto de costarle el campeonato. Pero, entre la tragedia, la farsa, la astucia y el talento, Schumacher se consagró en Adelaida como campeón del mundo por primera vez. En 1995, ya con los potentes motores Renault que Briatore se había asegurado tras adquirir Ligier, el alemán arrasó con nueve victorias y Benetton sumó, por primera y única vez, también el título de Constructores.

¿Por qué desapareció Benetton de la Fórmula 1?

Nunca volverían esas glorias. Habrían alcanzado su ápice en dos años inigualables. Cuando Schumacher firmó por Ferrari —llevándose con él a Ross Brawn y a Rory Byrne—, la caída empezó de forma inexorable. No fue inmediata: con Jean Alesi y un Gerhard Berger de vuelta, el equipo aún firmó dos años dignos. Desde 1996, además, homenajeó sus raíces italianas cambiando la nacionalidad de su licencia de británica a italiana. Y fue precisamente Berger quien, en Hockenheim 1997, logró la última victoria de la historia del equipo —convirtiendo a Benetton en el único equipo en ganar bajo dos banderas nacionales distintas—.

A partir de ahí, el declive fue paulatino. La marcha de Renault como motorista oficial dejó al equipo con unos motores Mecachrome rebautizados como Playlife, y por el banquillo pasaron David Richards y Rocco Benetton sin lograr revertir la situación. Finalmente, el 16 de marzo del año 2000, Renault oficializó la compra del equipo. Benetton aún competiría con su nombre dos temporadas más, en plena reconstrucción, antes de transformarse oficialmente en Renault en 2002. De aquella semilla, eso sí, nació una cantera pionera —la que descubrió a Jarno Trulli, Fernando Alonso y Mark Webber— sin la que sería imposible entender el éxito posterior del equipo de Enstone.


La FIUM 002 recorre en 172 páginas la historia completa de Benetton en la Fórmula 1. Temporada a temporada, desde su prehistoria como patrocinador hasta su último día de gloria, con la llegada de Schumacher, la cantera de Trulli y Alonso, los motores Playlife y los jefes que cimentaron el fenómeno. Un número firmado por Víctor Abad, Víctor Seara, Àlex García, Adrián Fernández, David Durán y más.

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