Ir al contenido

Cesta

La cesta está vacía

Seguir comprando
Peter Arundell maneja el Lotus 25 en el GP de Mónaco de 1964
FIUM 00431 may 20263 min de lectura

Lotus 25: el primer monocasco de la Fórmula 1

En algún punto de 1961, una servilleta de un restaurante en Waltham Abbey, cercano a la base de Lotus en Cheshunt, fue el lienzo de un revolucionario cambio de paradigma en el diseño de monoplazas. Un cambio que tuvo su génesis en la idea de Chapman de emplear un chasis de túnel central para su nuevo deportivo de calle, el Lotus Elan: su “esqueleto” había demostrado una inmensa rigidez pese a su contenido peso, lo que encendió la bombilla de Chapman sobre su posible aplicación en monoplazas. En aquella servilleta, con asistencia de Frank Costin, surgieron las líneas maestras del Lotus 25.

¿Por qué fue revolucionario el Lotus 25?

El 18 de mayo de 1962, ante los primeros entrenamientos oficiales en Zandvoort, Lotus sacó de sus tráilers el 24… y el 25. Absolutamente nadie había oído hablar de ese nuevo coche, algo de lo que Colin Chapman se había encargado a conciencia durante su ensamblaje en un rincón secreto de su factoría. El 25 cambió las reglas del juego al incorporar el primer chasis monocasco en la historia de los monoplazas de competición. En lugar de la habitual maraña de acero que componían los chasis tubulares, su estructura estaba compuesta de punta a punta por planchas de aluminio de apenas 1,6 milímetros de grosor, lo que resultaba en una reducción de peso de hasta el 50 %. Las pruebas previas mostraron, además, un 40 % más de rigidez torsional. Autosport definió el concepto como “The Flying Tea-Tray”: la bandeja voladora. Chapman, que no tardó en patentarlo, lo reconocía como “el mejor y más limpio coche que he creado nunca”.

¿Cómo cambió el Lotus 25 la Fórmula 1?

El piloto pasaba a estar aún más reclinado, en un ángulo de 35 grados, lo que generó cierta desconfianza inicial en Jim Clark; a ambos lados, dentro de unos recodos envueltos por las planchas, se hallaban los depósitos de gasolina, hechos de caucho como se estilaba en la aviación. Sumado a la mayor rigidez, el 25 era un vehículo de excelente manejo, con el que Clark apenas necesitó unas pocas vueltas para olvidar que pilotaba tumbado. Su fiabilidad fue otra historia: un tornillo suelto en el pedal del embrague, fallos de motor y de caja de cambios le persiguieron al principio, pero en Spa logró su primer triunfo “oficial” en la Fórmula 1 con 44 segundos de ventaja. En 1963, Clark hizo del Mundial un monólogo, con siete victorias en diez carreras y el primer título tanto de Lotus como del “Escocés Volador”. A partir de entonces, fabricantes históricos como Ferrari tuvieron que mirarse en el espejo del monocasco.

¿Qué fue del Lotus 25?

El 25 aún regaló alegrías. Su evolución, el Lotus 33, llegaría en 1964, y en 1965 Clark firmó una temporada prácticamente perfecta repartiendo su tiempo entre el 25 y el 33 camino de su segundo título. El fin de la era del litro y medio y el retorno a la potencia, en 1966, dejaron definitivamente obsoleto al modelo. Su epílogo fue de película, y nunca mejor dicho: en Mónaco, uno de los Lotus 25 fue pilotado en los entrenamientos por Phil Hill, ya retirado, con una enorme cámara en el frontal para recoger imágenes de la película “Grand Prix”. Un final de película para un coche de película.


La FIUM 004 dedica 164 páginas a Colin Chapman y a Lotus. Además de la figura de su fundador, recorre el primer monocasco de la Fórmula 1, el Lotus 49 y el Cosworth DFV, el negro y oro del 72 y el polémico Lotus 88, e incluye una entrevista en exclusiva con su hijo, Clive Chapman, en el Classic Team Lotus.

Conseguir la FIUM 004 →

Compartir